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Nota de Juan Carlos Fontana. La Prensa. 11 de julio de 2003

Un desterrado en el Abasto Basada en "Timón de Atenas" -una obra poco desconocida del autor inglés- el director Miguel Guerberof dio forma a una tragedia sobre la falsedad del comportamiento, casi moneda corriente en la historia humana. Se estrenará hoy.

Miguel Guerberof eligió una figura de asombrosa atemporalidad. La pieza elegida, "Timón de Atenas", es una de las menos representadas del autor isabelino y esa es la premisa de la Compañía Shakespeare de Buenos Aires, que hace varios años fundó y dirige el docente, actor y director Miguel Guerberof.Con ese objetivo Guerberof y su equipo de actores, dieron a conocer sus propias versiones escénicas de la obra de Shakespeare: "Ceremonia enamorada", basada en textos de heroínas shakespirianas; "Cuento de invierno" -con la que se presentaron en Düsseldorf, Alemania-; "Todo esta bien si termina bien" y "Para todos los gustos". Con versión escénica y dirección de Miguel Guerberof y traducción de Natacha Cervi, "Timón" (basada en "Timón de Atenas"), de Shakespeare, se estrenará hoy, a las 23, en El Ombligo de la Luna.En la pieza a la que se le buscó una resonancia contemporánea, los actores: Horacio Acosta, Carlos Lipsic, Carlos Da Silva, Gustavo Chantada, Javier Montú, Diego Cosín, Mariano Mazzei, Agata Fresco y Antonia De Michelis, se dividen los papeles de soldados, bufones, ladrones y senadores.

UN HOMBRE SOLO. En "Timón" se cuenta la tragedia de un comerciante influyente que tiene una estrecha vinculación con aquellos que manejan el poder privado y estatal. Claro que más tarde esas amistades le terminarán dando la espalda y él caerá en el quiebre de sus valores morales y obsesiones sexuales, terminando en el destierro. La venganza de Timón y su muerte son parte del paso final de la obra, que está ambientada en tres espacios: el bosque, la casa de Timón y el Senado.

En La Prensa, el director Miguel Guerberof dice que ""Shakespeare es un autor cuyas obras son mucho más salvajes de lo que se muestra en escena. Nuestra intención es hacer un teatro casi físico, con actuaciones intensas y textos claramente expresados.

Cuando hicimos "Todo está bien si termina bien" opinaron que era una comedia muy sexy y subida de tono, por eso no fuimos aceptados en un festival europeo. Peter Brook me decía que Shakespeare es un poeta que lleva un cuchillo en una mano y las odas de Virgilio en la otra...""EL FAMOSO TOMA Y DACA"

¿Qué significa para el autor, el personaje de Timón?

-La mayoría de las piezas de Shakespeare han sido leídas desde un punto de vista freudiano. Y uno no puede explicar estas obras si no es en base a un señalamiento final. Timón es un misántropo, un personaje que da, entrega algo para conseguir otras posibilidades a cambio. Ese hombre tiene una profunda soledad, no tiene familia. En la obra no se habla ni de su mujer o su hijo y cuando muere nadie lo llora.

-¿Cuál es la filosofía de este héroe?

-Tiene mucho que ver con la tragedia. "Timón" es una especie de mito que gira sobre sí mismo. Es un hombre que no ve más allá de sus propios intereses y luego decide vengarse de aquellos que lo abandonaron. La pieza ha sido analizado hasta por Gilles Deleuze. Shakespeare que es un autor que se vincula con el quehacer poético, ha logrado traspasar todas las épocas. La filosofía todavía está tratando de desentrañar qué quiso decir Shakespeare cuando al final de "Hamlet" aparecen las palabras "El resto es silencio". Cuando el espectador escucha esa metáfora poética lo que siente es que lo invade una profunda desazón y esa es la comunicatividad humana de Shakespeare.

UNA REITERACION CICLICA. Miguel Guerberof no se asombra de que en este momento en la cartelera porteña haya varias obras de Shakespeare.-Cuando hicimos "Cuento de invierno" en Buenos Aires se estaban dando unas cinco obras de él y ahora ocurre lo mismo. En nuestro caso la elegimos porque parece escrita para nuestro país. Muestra un señalamiento preciso sobre la corrupción en el Senado y las personas que rodean a Timón.

-¿Qué lugar ocupa la traducción de la pieza en su trabajo?

-Es esencial. Hace cinco años que trabajo con la misma traductora, Natacha Cervi, y con ella lo que hacemos es respetar el verso blanco.

Entrevista realizada por Alfredo Dillon


Beckett y los argentinos

Miguel Guerberof se apasiona al hablar de Samuel Beckett. Es, precisamente, el dueño y director artístico de una sala que lleva el nombre del irlandés, en el Abasto porteño (Guardia Vieja 3556).
En el teatro se respira una atmósfera decididamente beckettiana: por todas partes se ven unos árboles pelados, de distintos materiales y colores, que recuerdan al de Esperando a Godot. Guerberof es experto conocedor de la obra de Beckett. No porque la haya estudiado en la universidad, sino porque reconoce en sí mismo una afinidad profunda con el autor. Eso lo llevó, a lo largo de los últimos cuarenta años, a poner en escena casi todas las obras de Beckett.
Desde la famosísima Esperando... hasta las menos conocidas, incluidas algunas adaptaciones hechas por el propio Guerberof a partir de novelas y relatos, la sala Beckett vio pasar por su escenario más de una docena de obras del autor.
La relación de Guerberof con Beckett se remonta a sus épocas de estudiante, cuando una profesora le leyó Esperando a Godot en italiano. "En ese momento, me pareció que era la obra más importante que se había escrito en el siglo xx", confiesa.

-¿Por qué decidió ponerle a la sala el nombre de Beckett?
-Ponerle nombre a la sala es una complicación. Todos los nombres que se te ocurren ya están registrados. Acá hay una sala dedicada a Roberto Payró, otra dedicada a Molière, y me parece que Beckett es, por lejos, el autor dramático más importante del siglo xx. Beckett es uno de mis mitos, un mito de la cultura. Incluso yo lo compararía con los tres grandes momentos de la literatura contemporánea: Joyce, Proust y Kafka. Es un autor que ha influido de manera decisiva en toda la producción teatral del siglo. No hay obra importante que se haya hecho después de Esperando a Godot y Final de partida que no tenga influencia de Beckett.

-¿Por qué?
-Todo lo que se creó después de Esperando a Godot es más de lo mismo. Beckett no se ha superado porque estuvo adelantado cincuenta años. Recién ahora la gente entiende sus obras. Recuerdo el estupor que se producía las primeras veces que hice Beckett. Cuando, en los años ‘60, dirigí Acto sin palabras II, la gente no lo entendió. Después de treinta años lo volví a hacer tal cual lo había hecho, y ahora la gente captaba mucho más.

-¿Cómo es hoy la relación del público con las obras de Beckett?
-Beckett es un clásico. La gente va a ver sus obras como va a ver Rey Lear de Shakespeare. Ahora Beckett es un consagrado. Y tiene el problema de que se lo trata como a un consagrado, entonces los directores dicen: "¿Cómo vamos a tocarle una coma? ¡Es Beckett!" Pero eso es caer en un respeto excesivo, ridículo. Me parece que hay que reinterpretar a los autores. La gracia de hacer arte es esa. ¿Para qué lo voy a copiar? Cada época, cada generación interpreta la obra de otra manera. En Irlanda, por ejemplo, hoy Beckett se hace a nivel casi popular. Yo tengo un libro que me regalaron hace muy poco con fotos de las últimas producciones, y hay una cantidad enorme de actores del cine haciendo Beckett. John Hart hizo Krapp, the last tape; incluso se cortó el pelo al estilo Beckett. Albert Finney ha hecho Solo, Stephen Rea hace Beckett todo el tiempo. Acá Beckett va tardar más en ser masivo. Nuestro teatro es muy distinto, tiene una impronta muy fuerte del grotesco y el realismo. Sin embargo, Beckett está cada vez más cercano a la gente.

-¿Cómo fue la recepción de la obra de Beckett en la Argentina?
-Durante años Beckett no tuvo cabida en nuestro país. No se lo conocía, o se lo conocía a través de malas versiones. La primera vez que se hizo una buena versión de Esperando a Godot en Buenos Aires fue en 1958, con Jorge Petraglia y Leal Rey. Poco después Petraglia dirigió Los días felices, con Luisa Vehil. Las críticas fueron durísimas. Con el tiempo se superó esa visión negativa y, desde entonces, hubo alrededor de ocho versiones de la obra. Final de partida también se hizo varias veces; casi todas se han hecho alguna vez en el país. Beckett vino a llenar un espacio de desilusión en mi generación. Nosotros recibimos los coletazos de lo que fue existencialismo, los beatniks, la posguerra. Un mundo que creía que se había liberado del fascismo y el nazismo, pero se encontró con las matanzas de Stalin. Me parece que la postura estética de Beckett está absolutamente implicada con esa época. Él empezó a concretar mundos que no estaban expresados en lo dramático, pero sí en la narrativa y en la poesía.

-¿Qué relaciones hay entre el teatro de Beckett y el teatro argentino?
-Históricamente los dramaturgos argentinos supusieron que el teatro tiene que tener un compromiso social, en el sentido de compromiso político. Beckett lo tiene, pero no de modo explícito. Se decía, por ejemplo, que Beckett era reaccionario, pero él participó del movimiento de la Resistencia francesa.El teatro argentino clásico tiene una tendencia realista muy fuerte. Beckett, en cambio, apuesta por la irrealidad. Todo el teatro de Beckett es un recuerdo del recuerdo, como la famosa magdalena de Proust. Las obras de Beckett se arman a partir de retazos nostálgicos del pasado.Además, Beckett es un autor que habla de la muerte, mientras que acá entre los autores teatrales siempre hubo una especie de optimismo, de fe en el hombre. Beckett habla de los conflictos de Job, antiguos como la Biblia. Me acuerdo que cuando yo hice por primera vez Final de partida, en los años ‘80, un actor conocido me dijo: "Está muy bien, pero es un poco pesimista, ¿no?" Estábamos en plena época del así llamado "Proceso de Reorganización Nacional", donde uno no tenía por qué ser optimista. Beckett está hablando de un hombre que ha perdido los espacios de la libertad. En ese sentido, era muy pertinente con lo que nos pasaba en Argentina.
¿Cuánto supo Beckett sobre Argentina?
-Difícil precisarlo. En 1961 compartió con Jorge Luis Borges el Premio Formentor, otorgado por el Congreso Internacional de Editores. Durante varios años ambos fueron candidatos al Premio Nobel, hasta que el irlandés lo ganó en 1969. En 1982 aparece una mención oscura de la Patagonia en su obra Catástrofe. Entre los escritores argentinos cuenta con varios herederos: desde Griselda Gambaro hasta Roberto Cossa, pasando por Alejandra Pizarnik. Lo cierto es que, desde aquella primera función de Esperando a Godot en los años ‘50, las obras de Beckett no han dejado de reponerse en los teatros argentinos. Tal vez esto se deba a su consagración como auténtico clásico. O, acaso, a que los argentinos tenemos una afinidad especial con los irlandeses, por compartir con ellos ese espacio que privilegiaba Borges: la periferia.


Publicación: Diciembre 2006

Arrabal, El Gran Ceremonial

Arrabal y su zona bárbara

Un autor poco frecuente en los escenarios de Buenos Aires, el español Fernando Arrabal, se pondrá en escena a partir de esta noche en el Beckett Teatro. La obra en cuestión es "El gran ceremonial" y la dirección corre por cuenta de Miguel Guerberof.

Con un elenco integrado por Paula Morgan, Javier Montú, Laura Dozo, Vanesa Motto Guastino y Alejandro Spangaro, el espectáculo aproxima una intensa mirada sobre el mundo tan particular de Arrabal, cuya obra ha sido catalogada por el mismo autor como de "teatro pánico".

En esta temporada, Miguel Guerberof expone un intenso trabajo. En lo que va del año, montó "Comedia" y repuso "Acto sin palabras", ambas de Samuel Beckett, mientras ensayaba "El gran ceremonial".

El director se muestra contento por la recepción del Festival Beckett que se llevó a cabo en su sala (Beckett) y también porque a casi un año de creado el espacio, en él se han representado cerca de cincuenta producciones. En ese ámbito, él fantasea y desarrolla proyectos con una capacidad inusitada. Dice que puede ensayar dos producciones a la vez porque le interesa sostener en el tiempo unos procesos de creación junto a los actores. No le importa el teatro en el que los intérpretes ensayan o hacen las funciones sin estar verdaderamente involucrados en una seria investigación. "Necesito un compromiso mutuo -aclara Guerberof-, un acuerdo en cuanto a lo que vamos a desarrollar."

Refiriéndose a Arrabal, Miguel Guerberof destaca que le resulta muy difícil de calificar a ese autor: "No puedo emparentarlo con nadie. Lo aproximo a Buñuel a algunas comedias bárbaras de Ramón María del Valle Inclán". "El gran ceremonial", pieza creada en 1963 e inscripta en la primera etapa de la producción del autor, le posibilita al director reflexionar acerca de una "zona bárbara donde asoma una mirada provocadora entre las relaciones entre madres e hijos, novias y novios, amantes y novios.

Se trata de una pieza anterior a «Fando y Lis» - explica Guerberof-, porque Lis aparece acá con su nombre al revés. Y también asoma otro personaje, Cavanosa, que tiene algunas cualidades similares a Casanova. «Fando y Lis» termina cuando Lis sale a recorrer el mundo y aquí llega de un viaje". Respecto de Cavanosa, él es un asesino serial y su primera víctima es Sil. "Es una comedia bárbara, muy española, donde las relaciones siempre son a morir. Todo está llevado hasta el extremo. Y respecto de Buñuel, lo empariento con este creador, pero en la etapa de «Viridiana», por ejemplo, donde asoma una España muy brutal."

Si bien en la producción de Miguel Guerberof son frecuentes las referencias a Shakespeare, Pinter o Beckett, su aproximación a otros creadores puede resultar llamativa, como Copi o este Arrabal. Pero en verdad, ellos también están ligados a su interés creativo. "Yo siempre me relaciono con lo teatral de un autor -comenta-. Me gusta develar ese misterio que aparece en algunas teatralidades; ahí encuentro un desafío interesante. Hacer Shakespeare es atreverse a una de las mentes más grandes que ha tenido la humanidad. No es sólo un gran dramaturgo; es un tipo que sentó las bases para un pensamiento nuevo. Sacando este autor, hay otros en quienes lo interesante es la posibilidad de crear atmósferas dramáticas. Esto es lo que me lleva a hacer teatro. Hablar de filosofía en el teatro, me parece interesante, pero lo importante son los propios climas que la teatralidad crea. Eso es lo que encuentro en Arrabal, y me gusta mucho."

Carlos Pacheco
Fuente: La Nación